El reloj y todas esas pequeñas partes que lo conforman: desde los engranajes, hasta esos numerillos colocados minuciosamente alineados. Tan concéntrico, tan palpable...
Me agrada ver el descaro con el que se posa plácido y arrogante sobre esa infeliz pared mía. ¿Cómo este simple artefacto mide algo tan complejo como el tiempo? ¿Cómo se atreve a restregarme las horas que le restan a mi día? ¿Con qué derecho me reprime? ¿Por qué me hace extrañarte tanto?
Me veo tentada a retroceder esas insignificantes manecillas al último día en el que te vi, abracé y besé. Solamente retrocederlo y pararlo ahí, justo en ese momento en el que supe que era el inicio, en el que sentí que no había final. En esa fracción que se resumió en dos: tú y yo.
Perdernos en el tiempo entre sueños, ilusiones, tristezas, alegrías, pasiones y delicados roces.
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