lunes, 5 de noviembre de 2012


A las palabras que no dijimos
Volver a guardar nuestra historia en cajas
embalar los recuerdos, clasificar los papelitos
regalar a dos o tres amigos las cosas
que no cabrán en nuestro nuevo cuarto.

Mudarse de vida.
Y entonces tener cuidado
de no confundir las estaciones del metro
ni las llaves antiguas.
Tener cuidado de borrar de la memoria
los nombres, las caras,
los peldaños de escalera donde fuimos felices
las esquinas donde se bifurcaron las angustias. 
Entregarse otra vez al olvido. 
Menos mal que la novedad adormece las nostalgias
Siempre habrá una nueva ventana con todo su paisaje
un estrecho clóset que desafiará nuestros trucos
unas paredes limpias
donde tampoco colgaremos nuestros cuadros.
No es de extrañar tampoco que de tanta mudanza
un día cualquiera al entrar
a una nueva habitación vacía
nos encontremos a nosotros mismos esperándonos
Alguna alegría debe aguardarnos
entre tanto desarraigo. 
Por fortuna siempre podremos cargar
con nuestros libros favoritos
o los adornos rotos que algún día repararemos
o aquel cofre espantoso
cuyo origen se pierde en el tiempo
esos pedacitos de nada
que nos mantienen firmes entre tanto cambio.
Sylvia Sabogal. 

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